A todos nos gustaría que la Escuela fuera un lugar increíble,
al que se quisiera ir voluntariamente y con toda la disposición y la motivación
para estudiar y aprender, pero la realidad es otra. Desafortunadamente, muchos
de sus espacios no están bien acondicionados, si lo están requieren de gran
cuidado y formulismos de préstamos, o que definitivamente no posee una
estructura adecuada y agradable, ya que en cierta medida son encerrados,
estáticos y controlados, lo cual limita la creatividad y la imaginación tanto
de estudiantes como de docentes.
Además muchos de los estudiantes se ven obligados a
participar de la vida escolar, son presionados por sus familias y la sociedad
misma, que necesita de un diploma que te dé reconocimiento y status social para
mínimamente obtener un mejor empleo y salario que sus acudientes.
Lo utópico sería que ellos asistieran libremente a
aprender, que tuvieran intereses particulares en objetos de estudio que
realmente les serán útiles y les darán la posibilidad de acceder a mejores
oportunidades académicas, intelectuales y laborales. La escuela debería tener
diversidad de teorías y de prácticas afines a las necesidades del contexto de los
estudiantes, no sólo que estudien por un título, sino que de verdad les sirva
para su vida y les dignifique como seres humanos.
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