Charles Leadbeater: la innovación educativa en los barrios pobres


A todos nos gustaría que la Escuela fuera un lugar increíble, al que se quisiera ir voluntariamente y con toda la disposición y la motivación para estudiar y aprender, pero la realidad es otra. Desafortunadamente, muchos de sus espacios no están bien acondicionados, si lo están requieren de gran cuidado y formulismos de préstamos, o que definitivamente no posee una estructura adecuada y agradable, ya que en cierta medida son encerrados, estáticos y controlados, lo cual limita la creatividad y la imaginación tanto de estudiantes como de docentes.

Además muchos de los estudiantes se ven obligados a participar de la vida escolar, son presionados por sus familias y la sociedad misma, que necesita de un diploma que te dé reconocimiento y status social para mínimamente obtener un mejor empleo y salario que sus acudientes.

Lo utópico sería que ellos asistieran libremente a aprender, que tuvieran intereses particulares en objetos de estudio que realmente les serán útiles y les darán la posibilidad de acceder a mejores oportunidades académicas, intelectuales y laborales. La escuela debería tener diversidad de teorías y de prácticas afines a las necesidades del contexto de los estudiantes, no sólo que estudien por un título, sino que de verdad les sirva para su vida y les dignifique como seres humanos.

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