Al pensar en la educación pública
surgen una serie de interrogantes sobre sí estamos haciendo bien las cosas o si
estamos estancados en una tradición y en unas políticas gubernamentales que
requieren ser actualizadas y mejoradas para nuestro tiempo. Mientras las cosas
aparentemente funcionen y nadie diga lo contrario, estamos plácidamente complacidos
e indiferentes ante la situación. Pero, si nos detenemos a reflexionar y a
cuestionar qué es lo que está pasando con la educación y si cumple realmente
con las exigencias actuales, podremos darnos cuenta que hemos perdido el
horizonte, que estamos siendo conformes y que requerimos de grandes cambios y
de retos que impliquen un compromiso real de ciudadanía, de civismo, de valores
aplicables a la sociedad, necesitamos urgentemente hacer algo que nos
transforme, dignifique e innove.
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